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Precisamente, comprendiendo esa realidad y el anhelo de cambio de la gente, al asumir la dirección del Partido de la U, dimos impulso a un proceso de transformación.

El pasado 20 de julio fue instalado el nuevo Congreso Nacional, el cual tiene el reto de responder al clamor de la ciudadanía que decidió en las urnas por un cambio de rumbo en el país, que votó para tener un Estado más cercano a sus necesidades, capaz de generar políticas para mejorar sus condiciones de vida y que combata de manera decidida la corrupción y la injusticia.

Esa fuerza ciudadana representa a los olvidados, gente de las regiones, especialmente de las más apartadas y vulnerables, que a golpe de violencia les ha tocado asumir la vida como una lucha por la supervivencia; para quienes el acceso a la tierra, a la salud, a la educación o a tener servicios básicos ha sido un privilegio y no un derecho. Basta con decir que en Colombia el 40% de su población, es decir, 19,6 millones de personas, sobreviven con ingresos inferiores a medio salario mínimo mensual.

Precisamente, comprendiendo esa realidad y el anhelo de cambio de la gente, al asumir la dirección del Partido de la U, dimos impulso a un proceso de transformación.

Recorriendo las regiones del país bajo la premisa ‘Escuchar para Cambiar’, nos reconectamos con la gente para dialogar con ella sobres sus problemas, necesidades, sueños y propuestas, para así construir en consenso soluciones a sus duras realidades. Y producto de esa escucha, transformamos nuestros estatutos para convertirnos en un Partido de Centro.

Posteriormente, en un acto consciente y coherente, para la segunda vuelta de la campaña presidencial nuestro partido decidió no imponer a los integrantes de nuestra colectividad ninguna candidatura, entendiendo que el proceso de cambio nos exigía permitir a nuestros ciudadanos que se expresaran libremente en las urnas.

Ante ese contexto, en mi calidad de directora del Partido de la U me reuní con el presidente electo, Gustavo Petro, con quien sostuve un diálogo franco y directo sobre temas que para nuestro partido son prioritarios como aquellos direccionados a disminuir la pobreza y la desigualdad; fortalecer la seguridad alimentaria y contribuir a la implementación de los acuerdos de paz.

Luego de esta productiva conversación, me reuní con las bancadas de congresistas entrantes y salientes con quienes en conjunto, tomamos de manera unánime y con espíritu de unión, la decisión de hacer parte del Acuerdo Nacional por los olvidados y declararnos partido de gobierno, para generar esas transformaciones que el país reclama.

A través de cada uno de nuestros congresistas tenemos la voluntad de contribuir a la construcción de una agenda común que permita alcanzar la paz social y política.

Por medio de una serie de iniciativas que ya hemos comenzado a presentar ante el Congreso, queremos mejorar las condiciones de vida de los independientes, de los pobres, de los millones de colombianos que construyen día a día el país real. Pero también, discutiremos con total responsabilidad las reformas sociales que plantea el nuevo gobierno.

En mi opinión, los olvidados de Colombia deben ser el centro del Gran Acuerdo Nacional. Nuestro compromiso es con ellos.

Tengan total confianza de que seguiremos trabajando arduamente en beneficio de los pequeños y medianos empresarios, de los campesinos y el agro; para combatir las brechas que afectan a las mujeres y los jóvenes; para que tengamos salud y educación de calidad; para que los derechos humanos sean respetados, la paz sea una realidad cotidiana y la corrupción sea desterrada de la práctica social.

Link: https://occidente.co/opinion/columnistas/un-acuerdo-nacional-por-los-olvidados/

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