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Este ambiente de violencia e intolerancia se refleja también en fenómenos como el ‘bullying’ o acoso escolar, que ha llevado incluso al suicidio de algunos jóvenes en diversas ciudades del país.

El regreso clases de forma presencial por parte de casi diez millones de estudiantes en el país se ha visto empañado por el creciente caso de riñas entre alumnos dentro y fuera de las instituciones educativas, una situación que refleja el impacto de la pandemia en la salud mental tanto de niños, jóvenes y de la ciudadanía en general. Se trata de una situación que nos debe llevar a repensar respecto a nuevas formas de relacionarnos con los otros y sobre la manera como éstas se deben abordar desde la institucionalidad y la sociedad.

Si bien las peleas entre estudiantes es un fenómeno que ha existido en el entorno escolar, lo cierto es que ha comenzado a escalar con altos grados de violencia demostrando una baja tolerancia de los jóvenes para resolver las diferencias.

Así lo revelan casos como los sucedidos en ciudades como Cali, Bogotá o Pereira, en los cuales los alumnos se enfrentan utilizando desde ladrillos y piedras hasta puñales o machetes. Este ambiente de violencia e intolerancia se refleja también en fenómenos como el ‘bullying’ o acoso escolar, que ha llevado incluso al suicidio de algunos jóvenes en diversas ciudades del país.

De acuerdo con la ONG Save the Children, durante la pandemia se triplicaron los trastornos mentales en menores y adolescentes. Incluso señala que en el caso de quienes viven en condiciones de vulnerabilidad, esta incidencia es cuatro veces mayor. Según la entidad, el encierro pudo causar en esta población ansiedad, agresión, comportamiento retraído, así como depresión y autolesiones. Esto ha hecho que muchos jóvenes lleguen a las aulas de clases con muchos temores y pocas habilidades para interactuar.

Para afrontar esta problemática es importante intervenir los entornos escolares, realizando un trabajo articulado desde el hogar, las instituciones y las autoridades, con el fin de mejorar la convivencia.

El punto de partida es la familia, que es el primer espacio en dónde nuestros niños y adolescentes deben sentirse aceptados y queridos. Desafortunadamente vimos cómo durante la pandemia se generó un aumento en la violencia intrafamiliar. Es importante mantener la comunicación entre padres e hijos y que temas como el acoso escolar sean abordados en casa. El fomento de valores y el respeto también deben ser una prioridad.

Por su parte las instituciones escolares deben redoblar esfuerzos para que la problemática no se les salga de las manos. Es necesario entender que su función va más allá de transmitir conocimientos y deben innovar con estrategias y procesos pedagógicos que promuevan la sana convivencia y que permitan abordar el tema emocional y la resolución de conflictos, con el propósito de consolidar relaciones interpersonales con mayor respeto, solidaridad e inclusión.

Pero en muchos casos los espacios escolares están presionados por la delincuencia, dejando a los jóvenes en medio del asedio de bandas delincuenciales y de microtráfico. Para ello es importante la acción de las autoridades, no sólo con presencia de pie de fuerza policial, sino con los programas para la prevención del acoso, el hurto y el consumo de sustancias ilícitas.

Todo esto se debe complementar con el desarrollo de programas para que niños y jóvenes hagan un mejor uso de su tiempo libre. Así lo hicimos durante mi gestión en la Gobernación del Valle, donde pusimos en marcha varias estrategias, entre ellas la de incentivar el deporte y crear las Escuelas Deportivas para la Paz.

También sensibilizamos a docentes y psicorientadores de las instituciones educativas del departamento para que contaran con herramientas y desarrollaran competencias con el fin de fomentar la inclusión, el respeto y prevenir el acoso escolar.

La violencia en los entornos escolares es un asunto que va más allá de un problema de orden público. Está relacionado con la salud mental de la población que ha sido impactada por la pandemia, pero también con la necesidad de generar en la comunidad la promoción de valores que generen una sana convivencia.

Si trabajamos unidos, desde la familia, las instituciones y la autoridad, podremos evitar que esta situación derive en lesiones o incluso, en homicidios que tengamos que lamentar.

Fuente: https://occidente.co/opinion/columnistas/rinas-escolares-y-salud-mental/

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